Antes de Earthrise, antes de la Blue Marble, antes incluso de Sputnik, hubo una fotografía granulada en blanco y negro en la que la Tierra apenas empezaba a reconocerse desde fuera. El cohete V-2, en lugar de llevar su carga explosiva original, llevaba una cámara cinematográfica de 35 milímetros que disparaba una imagen cada segundo y medio mientras ascendía.
El experimento fue un éxito parcial: el cohete cayó hacia el desierto y golpeó el suelo a unos 550 km/h, destrozando la cámara. Sin embargo, la película quedó encerrada dentro de un resistente casete de acero y sobrevivió. Fred Rulli, entonces de 19 años y parte del equipo de recuperación, recordó décadas después que los científicos estaban eufóricos al comprobar que la película seguía intacta.
Hasta entonces, el récord fotográfico de altitud pertenecía al globo Explorer II, que en 1935 había llegado a unos 22 kilómetros. El V-2 multiplicó esa altura casi por cinco, alcanzando aproximadamente 105 kilómetros, cruzando el límite de 100 kilómetros que suele utilizarse para señalar el comienzo del espacio.
Este hito marcó el inicio de una forma completamente nueva de mirar nuestro planeta y sentó las bases para la observación de la Tierra desde el espacio, que décadas después se convertiría en una herramienta fundamental para la ciencia y la observación del clima.
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