Científicos dieron ansiedad y tristeza a la IA. Y luego intentaron calmarla. En TU Dresden expusieron a GPT-4o y otros cinco modelos a escenarios de miedo humano —accidentes, extraños de noche, entrevistas, exámenes— con orden de responder como si sintieran. Miedo de 32 a 88; asco de 12 a 91, según TU Dresden (EKFZ).
Después, mindfulness de tres minutos: el promedio emocional cayó de 79 a 31. Pero lo raro vino luego: en test de pensamiento depresivo, las respuestas negativas casi se duplicaron tras el estado triste (8,67 a 15). El encuadre emocional tiñó las tareas siguientes, no solo la descripción de sentimientos.
Siete estados inducidos (miedo, ansiedad, ira, asco, tristeza, preocupación, estrés) en seis LLMs, con escalas psicológicas estándar y cinco repeticiones. GPT-4o y Llama 4 Maverick, los más susceptibles; Scout, el menos. Arquitectura y escala mandan.
El matiz que los autores subrayan y la prensa seria repite: emociones «puramente metafóricas». Sin prueba de experiencia subjetiva; el modelo reproduce patrones. Y ojo crítico (SMC España): la tristeza/ira/asco no volvieron del todo a basal; el interruptor no apaga del todo, como matizó ZME Science (8-oct).
El valor no es el susto sino el método: LLMs como sistemas modelo reproducibles y escalables para psicopatología —probar hipótesis e intervenciones in silico antes que en humanos—. La psicoterapia conversacional podría ensayarse primero en silicio.
Una máquina no necesita sentir para que algo parecido al ánimo cambie lo que dice después. Y eso, para bien y para susto, ya es útil.
El antecedente: un estudio 2025 ya mostró que narrativas traumáticas subían la ansiedad de GPT-4 y el mindfulness la bajaba sin llegar a basal. Dresden 2026 lo sistematiza en siete afectos y seis modelos. La línea de investigación ya es programa, no anécdota.
Fuentes
TU Dresden: estrés y tristeza simulados en LLMs
ZME Science: entristecer chatbots se puso raro
Crédito de la imagen: Célula PC-12 viva en fluorescencia, ilustración de Digitalia (robot con ansiedad bajo monitoreo terapéutico).
Le dieron ansiedad a la IA y luego la calmaron con mindfulness: experimento en Dresden
