El sistema funciona de manera sencilla: En lugar de responder preguntas de seguridad o recibir un código por correo electrónico, los usuarios deben grabar un breve vídeo de su rostro.
La inteligencia artificial analiza los rasgos faciales y compara la información con los datos biométricos almacenados en la cuenta para confirmar que el solicitante es realmente el propietario.
¿Cómo funciona la verificación?
Según los reportes, el proceso implica los siguientes pasos:
• El usuario solicita recuperar su cuenta a través del centro de ayuda
• Recibe una solicitud para grabar un vídeo-selfie de 3 a 5 segundos
• La IA analiza los rasgos faciales y los compara con los registros existentes
• Si la verificación es exitosa, se restaura el acceso a la cuenta.
Esta tecnología ya está disponible para algunos usuarios de Google y Meta en varios países, y se espera que se expanda globalmente durante los próximos meses.
La promesa de seguridad
Las empresas argumentan que este método es más seguro que las contraseñas tradicionales, que pueden ser adivinadas, robadas o comprometidas en filtraciones de datos.
Según un estudio de la empresa de seguridad digital SpyCloud, más de 30 mil millones de credenciales fueron comprometidas en 2025, lo que hace que las contraseñas convencionales sean cada vez menos fiables.
Además, señalan que la verificación facial es difícil de falsificar, ya que requiere un vídeo en tiempo real del usuario, lo que hace más complicado el uso de fotografías estáticas o deepfakes para engañar al sistema.
Los riesgos de los datos biométricos
Sin embargo, expertos en ciberseguridad y privacidad han expresado serias preocupaciones sobre este enfoque. El problema fundamental es que los datos biométricos faciales son permanentes: a diferencia de una contraseña que puede cambiarse si se filtra, tu rostro es el mismo toda tu vida.
Si estos datos terminan en manos equivocadas debido a una filtración o un ataque cibernético, el daño a la privacidad del usuario es irreversible. No hay forma de obtener una nueva cara. Según el informe anual de privacidad de la Electronic Frontier Foundation (EFF), las filtraciones de datos biométricos han aumentado un 45% en los últimos dos años.
Además, existe la preocupación de que estos datos podrían utilizarse para vigilancia masiva, reconocimiento facial no autorizado o incluso para crear deepfakes más precisos con la información real de los usuarios.
¿Qué dicen los reguladores?
En Europa, el Reglamento General de Protección de Datos (GDPR) clasifica los datos biométricos como información sensible que requiere un consentimiento explícito y específico.
En Estados Unidos, la Ley de Privacidad de California (CCPA) también establece restricciones sobre el uso de datos biométricos.
Sin embargo, expertos legales señalan que las grandes tecnológicas suelen incluir cláusulas en sus términos de servicio que permiten el uso de estos datos para verificación de identidad, lo que podría complicar los esfuerzos de los usuarios por controlar su información biométrica.
El debate sobre la privacidad
El caso plantea una pregunta fundamental sobre el equilibrio entre seguridad y privacidad en la era digital.
Mientras que la verificación facial puede ser más efectiva para prevenir accesos no autorizados, también representa un riesgo significativo si los datos son comprometidos.
Los expertos recomiendan que los usuarios evalúen cuidadosamente los riesgos antes de optar por este método de verificación, y sugieren que las empresas ofrezcan alternativas que no impliquen el uso de datos biométricos permanentes.
La implementación de esta tecnología por parte de Google y Meta marca un nuevo capítulo en la relación entre las grandes tecnológicas y la privacidad de los usuarios, y es probable que genere más debate a medida que se expanda su uso a nivel mundial.
Fuente: SpyCloud, Electronic Frontier Foundation (EFF)
