El mundo cambia todos los días, y una de las preocupaciones más recientes es cómo engañar a los algoritmos. Tanto así que ya existe una tendencia en diseñar estampados raros y aleatorios que permiten a los usuarios convertirse en invisibles para las cámaras de seguridad y los algoritmos que llevan un registro de cada ser humano que camina frente a una cámara de vigilancia.
El diseñador alemán Simon Weckert creó una camisa hawaiana capaz de engañar a los sistemas de vigilancia con inteligencia artificial. La prenda, bautizada como "Digital Camouflage", utiliza un estampado con manchas rosas, verdes y naranjas que altera las pistas visuales que el detector utiliza para reconocer la silueta humana.
La clave está en cómo "ve" una inteligencia artificial. Según explicó Weckert a <em>Dezeen</em>, estos sistemas "nunca han aprendido qué es un ser humano", sino cómo son los humanos desde un punto de vista estadístico a partir de millones de imágenes de entrenamiento. Para la máquina, una persona es, en esencia, "un conjunto de estadísticas visuales". Y ese es precisamente el punto débil que aprovecha la camisa.
La técnica tiene un nombre: "ataque adversarial". La estridencia del tejido cumple una función muy concreta: la combinación de colores y patrones altera las pistas visuales que el detector utiliza para reconocer la silueta humana. La intención es que el cuerpo deje de presentarse ante el algoritmo como una forma suficientemente coherente para que lo detecte como una persona.
De ahí la paradoja de "Digital Camouflage": cuanto más llamativo e hipnótico resulta el estampado para un ser humano, menos sentido puede tener para el detector. Para encontrar un estampado capaz de confundir a la inteligencia artificial, Weckert recurrió precisamente a ella durante el desarrollo del diseño, mediante un proceso que denomina "bucle adversarial".
El método consistía en enfrentar sucesivas versiones del estampado al sistema de detección y utilizar su propia respuesta como guía para la siguiente modificación. Cada resultado servía para ajustar el diseño y seguir rebajando la confianza con la que el programa reconocía una figura humana. Weckert probó el resultado con YOLO, un sistema de detección de objetos de código abierto.
Pero no es el único. Alrededor de la preocupación por la vigilancia ha surgido también un pequeño mercado de ropa concebida para despistar a las cámaras. Urban Privacy comercializa desde bufandas hasta sudaderas y camisetas, mientras que Cap_able se centra en prendas de punto de precios considerablemente más elevados.
En Estados Unidos, la expansión de los lectores automáticos de matrículas coincide con un fuerte rechazo a este tipo de vigilancia. Según <em>Gizmodo</em>, Flock y sus competidores han instalado más de 130.000 dispositivos en todo el país. Mientras la respuesta institucional avanza con lentitud, aparecen formas más creativas de esquivar estos sistemas.
"Digital Camouflage" lleva esa inquietud al terreno del arte y plantea una pregunta que va más allá de su estampado imposible: si las máquinas aprenden a reconocernos a partir de patrones visuales, quizá también podamos aprender a vestirnos para dejar de parecerles humanos. La privacidad, al menos en este caso, empieza en el armario.
La moda anti-IA: la camisa contra la vigilancia ya existe
