La tecnología usa un casco de electroencefalografía (EEG) que capta las señales cerebrales y las convierte en comandos para la máquina.
El sistema procesa las señales con IA y las traduce en órdenes para el robot en menos de 200 milisegundos.
Es compatible con robots humanoides, brazos robóticos y perros robot, lo que abre un abanico amplio de aplicaciones prácticas.
Durante una demostración, el sistema logró tareas como recoger una taza y una manzana con precisión, mostrando que la interfaz ya es funcional fuera del laboratorio y no solo un prototipo teórico.
Además, BrainCo lanzó una plataforma de recolección de datos que vincula las acciones humanas, la actividad cerebral y las respuestas del robot.
El objetivo es mejorar el entrenamiento de sistemas de IA encarnada (embodied AI).
Esta iniciativa refuerza la tendencia de China a liderar en interfaces cerebro-máquina aplicadas a la robótica, un campo que promete cambiar la forma en que las personas controlan dispositivos sin usar las manos.
